Dejando atrás Buenos Aires, en busca de la ruta hacia Colonia del Sacramento, después de magníficos días por la capital Argentina y alrededores, disponemos a embarcarnos desde la zona de Puerto Madero en el Buque-bus de la compañía que opera el servicio de transporte fluvial hacía el vecino Uruguay. Cruzar el Río de la Plata da sensaciones de emoción por conocer un nuevo destino pero al mismo tiempo un sentimiento de nostalgia momentánea por las excelentes experiencias vividas en suelo bonaerense.

El trayecto que dura poco más de una hora se hace en un grande y cómodo barco con servicios extra de restaurantes, tiendas de ropa, joyas y accesorios, además, del traslado de vehículos, lo que permite una conexión frecuente entre estos dos países.

La llegada a Colonia, deja la impresión que hemos atravesado un mar dado la longitud y anchura del Río de la Plata que lo convierte en el más grande del mundo. Desde el primer contacto con el control de migraciones se percibe el carácter amable y acogedor que destaca el pueblo uruguayo y que a medida del viaje fuimos experimentando con mayor alegría. La apariencia que deja notar Colonia a primera vista es la de una pequeña ciudad con alma de pueblo histórico y destino de gran potencial turístico.

El viento de primavera y una tenue brisa costera imprime una dosis de frescura para caminar por sus limpias calles al paso de ir intercambio saludos con sus pobladores, preguntando para encontrar la ruta al casco histórico declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco, desde donde se tiene la posibilidad de visitar sus principales construcciones y atractivos para los turistas.

Una de las clásicas construcciones de Colonia

A pocos pasos, encontramos la Puerta de la Ciudadela, una especie de fortificación con la exhibición de antiguos cañones que fueron usados en las diversas confrontaciones militares entre portugueses y españoles por la ocupación del territorio. Continuando por un circuito de calles empedradas sobresale la emblemática Calle de los Suspiros, quizás el lugar más fotografiado de Colonia y principal foco de atracción para los visitantes, con algunas casas coloridas y envejecidas, que pareciera que el tiempo se hubiese detenido y nos llevara a la imaginación lo que fue la vida en esa época.

La pintoresca Calle de los Suspiros

Siguiendo con nuestra ruta, ubicamos el Faro de Colonia, la construcción de mayor altura de la ciudad levantado en los cimientos del antiguo convento de San Francisco Javier donde queda evidencia en clásicas ruinas, subiendo por unas estrechas escaleras se tiene acceso a la parte superior desde donde se logra espectaculares vistas de Colonia y sus playas.

Precisamente en ruinas se observa en varios lugares, como en la antigua casa del gobernador, la desaparecida plaza de toros y otras edificaciones cercanas al puerto de yates, conocido como Puerto Viejo donde es posible hacer una parada para descansar en el muelle principal, presenciando la salida y llegada de algunos lujosos yates provenientes de Buenos Aires de personas que disfrutan sus días de ocio dando un paseo por los margenes rioplatenses.

El Faro de Colonia. Junto están las ruinas del antiguo convento

Luego del descanso, nos ponemos en marcha para seguir disfrutando de este maravilloso rinconcito de Uruguay, pasando por lindas terrazas y restaurantes, con un clima que beneficia y un atardecer esplendoroso es propicio para acercarnos a Rambla de las Américas para caminar al borde de la bahía y llegar a lindas playas, refrescarse con el aire costero, seguir gozando de la maravillosa panorámica que roba el aliento y hace de este sendero un paseo ideal para disfrutar paso a paso.

En Puerto Viejo tomando un descanso

Colonia del Sacramento, se deja descubrir fácilmente, muestra abiertamente todos sus encantos, sus gentes son grandes anfitriones que con su amabilidad y calidez reflejan la tranquilidad que se respira por cada una de sus calles, dejando la sensación que es una ciudad muy familiar, con niños disfrutando del ambiente apacible lejos del ritmo acelerado de las grandes urbes.

Colonia invita a quedarse varios días, pero si van de paso y solo disponen de tan solo uno, puede ser aprovechado para combinar trayectos en bicicleta y recorrer gran parte de la ciudad. Sin lugar a dudas este fue un destino de gran satisfacción por el Río de la Plata. Gracias paísito … con cariño Uruguay.

 

 

Pequeña casa esquinera construida en piedra. Parece no estar habitada.

 

Puerta de la Ciudadela


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